Y mañana acaba el trimestre…

Tengo muchas cosas que hacer, y no tenia intención de escribir hoy nada… Pero a veces no puedes elegir y necesitas echar lo que tienes dentro para intentar comprenderlo mejor.

Mañana se acaba un trimestre… Mañana es el ultimo día del segundo trimestre en todas las escuelas. También lo es en la clase de segundo de educación primaria de la escuela Pau Delclòs. A esa clase va mi hija mayor. Mañana darán los resultados, las notas, a todos los niños y niñas a partir de seis años. Entre las posibilidades esta el insuficiente, el suficiente, el bien, el notable y el excelente. Mañana serán juzgados muchos niños sin tener derecho a defenderse.

Pero hoy es hoy. Y hoy mi hija de 7 años a traído el álbum del cole. Ese gracioso libreto que tanto nos hizo sonreir en parvulario. En la portada azul hondean, a través de pinceladas, suaves matas de hierba verde. Sobre ella brillan tres flores de papel mache y encima de todo una mariposa de papel de diario que graciosamente bate sus alas. Y yo sonrío, porque es tierno, igual que mi hija. Pero una voz en mi me dice que es exactamente igual al de los otros 25 niños de la clase. Decido ignorar la voz. Abro el álbum, alegre. Y empiezo a pasar páginas. Y como más páginas paso más me sorprendo e indigno. Ese álbum no es de mi hija. Sí, ella lo ha hecho pero su espíritu ya no esta reflejado en él. En ese álbum no hay espíritu. Todo es mecánico y ordenado, no hay espacio para sus propias ideas, gustos o sueños. Incluso hay dibujos donde le dicen el color que tiene que usar. Hay muchas operaciones matemáticas. No hay nada de creatividad. En todo el álbum hay dos descripciones libres, una de la mama y otra del papa. Recuerdo el día que las escribió, en casa. Fueron los deberes de un fin de semana. Y recuerdo como le costo explicarse, elegir las palabras. Y ya entiendo porqué. Ella nunca elige las palabras. Ella nunca elige los temas. Ella nunca elige los dibujos. Ella espera órdenes y guías porque le han enseñado que se aprende así. Ella nunca puede ser ella.

Y no lo entiendo. Me parece tan absurdo que no lo comprendo. Siento que le están arrebatando lo mejor que hay en

ella, le están quitando su libertad, su ingenio, su magia. Lo sustituyen por normas, por instrucciones… Y siento que nos han estafado a las dos, pero sobre todo a ella. Le han dicho que ahí va a aprender, a descubrir. Y ella se lo cree a pies juntillas, y yo me siento hoy peor que nunca… Porque se que hoy lloraré, pero mañana encerraré todo esto en un cajón, oculto. Y no haré nada porque no sé que hacer, ni soy suficientemente valiente para dar ningún paso. Veré como cada vez es menos ella en la escuela, como, a medida que pasa el tiempo todos los niños se parecen más. Olvidarán que les hacia disfrutar, sonreír… Empezaran a ver la escuela como una carga, un peso inútil a la espalda que solo les hace sentirse mal. No se valora su esfuerzo, ni su energía, ni se valora lo que son. Solo se valorara los resultados de los exámenes y, como tantos otros adolescentes, tirarán la toalla. Dirán eso de “yo no sirvo para estudiar”. Y la mayoría nunca sabrán que ellos sí servían, pero al sistema nunca le importó sus aptitudes. Y se sentirán estafados si algún día se enteran de que todo ese esfuerzo, toda la energía que dieron en la escuela y nunca nadie valoró, no sirvió para nada.

A veces me cuesta mucho no divagar, como hoy.Vuelvo al hoy, al álbum y a las notas. Mañana me entregaran los resultados académicos de mi hija de 7 años. Decirlo me parece cómico. Y serán buenas notas. Sacará buenos resultados, lo sé. Y mi primer impulso es alegrarme. Supongo que es mi voz pasada, la que se rindió. La que un día dejo de preocuparse por los resultados, el instituto y aprender. Te dicen que si sacas buenas notas es porque sabes muchas cosas y te das cuenta, con el tiempo, que eso es tan absurdo… No tengo muy claro que debo sentir con respecto a las notas. Yo creo y así se lo dije a su profesora, que a mi las notas no me importan. Pero a veces no se si no me importan porque no las considero representativas, o porque ella sí saca buenas notas. Es muy difícil luchar contra lo establecido, no repetir los errores que cometieron contigo.

Y en muchas otras casas habrá niños a los que se castigue, riña o cosas peores. Mañana muchos niños lloraran. Mañana muchos padres se sentirán impotentes porque sentirán que, aun habiendo hecho todo lo que les dijeron, su hijo no estudia, no se esfuerza. Tantas familias estafadas con falsas promesas y falsos esfuerzos. Muy pocos se plantearán de quien es la culpa, porque la culpa ya va irremediablemente atada a los hijos. Tal vez en el fondo se acuerden de sus días en el colegio o instituto, recuerden esa tensión al llegar a casa con las notas. Pero la mayoría harán lo mismo que hicieron con ellos, les seguirán presionando, les amenazarán, les prometerán una consola si sacan buenas notas o unas vacaciones en la playa.

Y al final lo que olvidamos por el camino es esa capacidad innata que tienen los niños, esas ganas de saber, de vivir, experimentar, probar, equivocarse… De tocar, de conocer con las manos, las texturas, los colores, la magia que hay en todo lo que nos rodea y ellos ven mejor que nadie. Los envidiamos. Todos querríamos ver a través de sus ojos.
Olvidamos esa curiosidad que a los adultos tanto nos maravilla, mientras vemos como muere poco a poco. Y como siempre hacemos, le echaremos la culpa a la pubertad.

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