Esas madres que no llegamos

Que sabemos que queremos, pero no conseguimos hacerlo realidad.

Que querríamos esa escuela libre, que no limite a nuestros hijos, que no les meta en un cuadrado. Que respete sus tiempos, sus emociones.

Pero debemos aguantar el dia a dia en una escuela que, en muchas situaciones, nos decepciona. Y bajamos nuestro listón a nuestra realidad, porque ya sabemos que no podemos exigir peras al olmo. Y bajamos su listón, y aceptamos cosas que jamás aceptaríamos, y que definitivamente, no no gustan. Y nos culpamos por no tener un medio económico para cambiar las cosas, o mas formación, o mas valentia para entrar en esa escuela y poner nuevas cartas sobre la mesa.

Que querríamos hacer el viaje de sus sueños, y compartir tantas risas. Ir a Paris, a ver la Torre Eiffel, y pasear a la orilla del Sena. Y fotografiar su mayor sonrisa, sus ojos brillantes.

Que querríamos no necesitar escapar de casa. Pero hay días que cerrarías y correrías, lejos de casa, porque todas a veces acabamos hartas de la vida, también de la crianza.

Que a veces nos sentimos agotadas de cargar con el carro de la crianza, con la responsabilidad que ello conlleva, solas, delante, sin nadie a nuestro lado. Y además luego nos culpamos por pensar así, porque el papá es un buen padre que adora a sus hijos e igual si no está delante a mi lado tirando del carro es porque no lo he dejado. Y de nuevo nos culpabilizamos.

Que querríamos no gritar, ni levantar la voz. Y de golpe nuestro yo racional nos invade en el peor momento y oímos nuestra voz de monstruo gritando, nos vemos alteradas, histéricas, tan lejos de lo que queremos ser.

Que querríamos no juzgar, ni exigir. Ni mucho menos hacer chantaje. Pero de nuevo, no sabemos como hemos llegado a ese punto, al de juzgar, exigir y chantajear, en el mercado de tratos, ponemos las emociones, las nuestras y las de nuestros hijos. Nosotras  todo el poder, ellos victimas de nuestro arrebato, sin poder ni defensa. Y luego miramos atrás y lo vemos, y nos apuntamos un fallo mas, en la eterna lista de fracasos.

Que querríamos lograr mas orden mental, para tener una vida mas feliz para toda la familia, pero los pensamientos nos pierden. Nos pierden en el dia adia, en el parque, en la playa, esa desconexión mental que nos hace responder frases comodín. Y si, nuestros hijos lo notan, y callan, decepcionados por nuestra actitud.

Que a pesar de tener todo (lo vital e importante) a veces sentimos que necesitamos algo más. Mas trabajo, mas tiempo, o simplemente mas ganas. Mas sueños, mas besos, mas ganas de leer.

Que la mochila a veces nos pesa demasiado y nos caemos. Y además nos juzgamos por ello, por débiles, por lloronas. Y nos relamemos las heridas, y alejamos a cualquiera que se acerque, que sabrá el resto de nuestras heridas, de esta impotencia de querer y no ser.

Cuando a veces no sabemos reaccionar cuando alguien dice algo sexista a nuestros hijos, y nos culpamos por ello durante semanas. Y finalmente nos animamos pensando que en casa lo hacemos distinto, y que eso debe contar de algo.

Cuando repetimos un cliché que hemos oído mil veces, cuando nos habíamos jurado que jamás saldría de nuestra boca.

Cuando el dia a dia nos demuestra que tenemos muchas teorías y pocas formas de lograr nuestros objetivos en cuanto a crianza. Y eso nos desanima aún mas.

Cuando siento que no logro llegar a mi hija.

 

Que vemos que nuestros hijos crecen y cada vez ven mas eso que tu sabes, que eres un fraude, que no cumples lo que predicas, y temes el dia en que eso salga de su boca en forma de decepción.

Y por todo ello y muchas cosas mas nos llenamos de impotencia y frustración, y prometemos que mañana será distinto, que seremos mejores, mas respetuosos, mas empáticas. Que nos esforzaremos por encontrar la felicidad en el dia a dia, en la magia de lo cotidiano. Y entonces recordamos los miles de sonrisas que nos regalamos en casa, las carcajadas, las cosquillas, los millones de besos que repartimos, los abrazos, el contacto, el dormir abrazados, el saber escucharnos muchas veces, y empatizar con los problemas del otro muchas otras. Y pensando en ello, nos sentimos felices, a pesar de todo lo demás.


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5 thoughts on “Esas madres que no llegamos

  1. Damaris, me parece maravilloso tu artículo, me siento tan identificada con TODO lo que dices… ¿Sabes? eso que sientes, que sentimos, es precisamente es lo que nos hace mujeres y madres maravillosas; ¡por que lo somos! Nada más intentar ser mejor cada día dice mucho de nosotras. Estoy segura que la vida de los que cuidamos no sería la misma sin nosotras, sin nuestros besos, nuestros errores, estoy segura de que le aportamos luz y color a la vida de los que amamos. Claro que somos unas madres que no llegamos, por que somos unas madres reales de carne y hueso, y ser real es lo mejor que nos puede pasar.

    Te mando un fuerte abrazo.

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  2. Leer tu articulo me hace pensar que en realidad todos los seres humanos estamos conectados por un hilo invisible que no lo sentimos hasta que como en esta ocasión alguien escribe exactamente lo que sentimos ….. gracias, yo no podría haberlo expresado mejor y me siento comprendida y acompañada acabas de hacerme sentir muy bien y SIN conocernos …. gracias.

    Le gusta a 1 persona

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