Pegar a un niño es educar…

Hoy os voy a contar una historia de una familia. La madre, Paula una dependienta de una tienda de zapatos, intenta conciliar su vida laboral con su familia, lo que con un turno partido de lunes a sábado cuesta lo suyo. Pasa mucho tiempo fuera de casa, y cuando no trabaja se vuelca en su familia. El padre Juan, informático, trabaja mucho tiempo en casa. Ya se sabe que los autónomos trabajan de lunes a domingo, sin horas fijas, aunque se arregla para llevar y recoger a su hijo de la escuela. Luis, su hijo, un niño de 7 años al que le encanta estudiar los planetas. Y el abuelo de Luis y padre de Juan, un afable anciano que comparte con ellos su vida, ayudando a su nieto con los deberes, haciéndole la merienda…  Los domingos les gusta ir al cine, los 4 juntos normalmente, aunque a veces el abuelo prefiere quedarse en casa descansando y viendo una peli tranquilo… Durante las vacaciones les gusta irse a la playa, que les queda demasiado lejos para ir el resto del año, y en Navidad invitan a muchos amigos de la familia, pues les encanta recibir a gente en su piso. Son una familia de las que se podría decir “normal”, Con sus mas y sus menos sus manías y costumbres.

A veces, como en toda casa, hay desencuentros. No todos están de acuerdo y se discute. A veces por los deberes, por la ropa sucia del baño, por la peli del domingo, por la comida… Normalmente llegan a un acuerdo, o una parte cede y ahí se acaba el problema. Pero hay otras veces que tanto Juan como Paula sienten que esas rebeldías hay que atajarlas con un castigo físico. Son malos hábitos que al final, creen ellos, les pasarán factura años después. En casa siempre es Juan quien lo hace, aunque no lo han hablado claramente, los dos consideran a Paula demasiado “débil” para levantar la mano contra alguien. Tienen claro también que hay cosas que no se pueden consentir, y si no entra en razón por las buenas, deberá hacerlo por las malas. No es algo habitual, ni fuerte, a ver, no os vayáis a confundir. Ellos están en contra del maltrato, pero creen que la forma de evitar constantes discusiones y rebeldías es esta: un bofetón es mas fructífero que cualquier discurso, lo han comprobado. Ellos no ven esto como un abuso ni mucho menos un maltrato. Es algo que hay que hacer, algo que todos hemos vivido, a quien no le han pegado un bofetón? Y no estamos traumatizados, la gente es muy exagerada. Saben que es un delito, pero creen que eso no es cosa de gobiernos ni de leyes, lo que pasa en nuestra casa, queda en nuestra casa, a ver quien va avenir a decirnos como educar. Luego cuando ya sea muy tarde, vendrán a ayudarnos? Cuando esté ya todo perdido? Tienen claro que para asegurar una buena vida de todos los miembros, deben ejercer ese control. Y creen también que les duele mas a ellos mismos, cuando levantan la mano sufren, no quieren hacerlo, pero saben que es lo mejor.

Os voy a contar un ejemplo de estas disputas. El otro día no se quería bañar. El dia antes ya no quiso bañarse, y aceptaron que no tenia ganas. Pero hoy ya hacia falta, era necesario que se diera un baño o una ducha. Pero no hubo manera de convencerle, ni con premios, ni amenazas, ni chantajes. Finalmente Juan perdió los nervios y le pegó un bofetón. Si, lo consiguió. Fue un ejemplo claro de que una bofetada ataja cualquier discusión. Se calló, cogió sus cosas y se encerró en el baño

Finalmente aceptó darse una ducha. No tenía ganas, estaba cansado, pero tenía miedo de que le pegaran de nuevo por no seguir sus normas. Así que el abuelo se tragó sus penas y se duchó.

Si, ya se que os habéis puesto las manos en la cabeza. Porque dabais por sentado que a quien se pegaba era al hijo Luis, eso es “normal”, “habitual”. Jamás se aceptaría que pegásemos a una persona mayor para que hiciera lo que queremos. Eso seria motivo de llamar a la policia y hacer una denuncia, de servicios sociales, de no mirar jamás a esa persona a la cara. Pero cuando hablamos de niños, todo eso vale, se acepta. A los niños hay que educarlos, hay que enseñarles quien manda. Hay que atajar sus rebeldías con un golpe, pues de no hacerlo tendremos adolescentes que se nos subirán a las barbas. Hace días que tengo este post a medias, porque es difícil escribir esto sin que alguien se sienta muy ofendido. A fin de cuentas es algo todavía muy aceptado que a los niños se les pega y que eso no es algo malo, que no nos traumatiza. Cuantas veces he oído esa frase “A mi me pegaron y no tengo ningún trauma”. No he conocido en mi vida ni conoceré jamás a nadie que no tenga ningún trauma, porque de vivir se crean los traumas. Unas personas los esconderán, otros los trabajaran, pero todos estamos traumatizados por unas cosas u otras, y negarlo es absurdo. Y si, si nos pegaron eso nos afectó también, a nuestro amor propio, a nuestras relaciones con el resto del mundo. A nuestra crianza.

Dejemos de levantar la mano. Hacerlo, pegar, nos hace débiles y les hace débiles. Nunca podrá hacerse por su bien, ni nunca nos dolerá mas a nosotros que a ellos. Jamás. Es absurdo creerlo.  Hay que buscar otras herramientas, tratarles como trataríamos a un adulto, al qual jamás pegaríamos, intentaríamos hablar, o incluso dejaríamos la conversación y la disputa pero jamás les levantaríamos una mano. Porque eso es maltrato, nos pongamos como nos pongamos.

Dentro de mi historia maternal yo he levantado la mano. Si, ya hace siglos de eso, pero lo he hecho. Y se lo que cuesta, parar, racionalizar y no ceder al impulso del momento. Porque como dice una buena amiga, pegar es el camino fácil, es dejarte llevar por el arranque. Lo difícil es aguantarse, respirar, racionalizar la situación y buscar otras vías. Nunca es tarde para cambiar, para agacharos a su altura y decirles que estuvo mal, que nos equivocamos, que no se merecían esto. Que quien nos portamos mal fuimos nosotros, y que lo sentimos. Y que no lo volveremos a hacer. Y pedir perdón una y mil veces. Y recordables que nadie tiene derecho a hacerles daño. A veces olvidamos que nosotros somos los adultos, y nos dejamos llevar por nuestro propio berrinche,  por nuestra rabia, mientras les decimos que deben controlar su berrinche y su rabia. Que es un cachete sino una perdida de control? Acabo este post con mil cosas en la cabeza, con culpa por mi pasado y confianza por mi presente. Y os deseo, por vuestros hijos sobretodo, pero también por vosotros, que bajéis la mano y os propongáis no pegar jamás. Y si os viene el impulso, poned a vuestro hijo la cara de un anciano, de una mujer, de un enfermo, o simplemente de un adulto. Reeducaros, por el bien de vuestra familia y de la sociedad. La violencia no entiende de edades.

Acabo el titulo del post con una reflexión. Pegar a un niño es educar… cuando pegar a un adulto es maltratar. Pegar a un ser indefenso ante nosotros y nuestra fuerza, que no tiene recursos, que no puede defenderse ni física ni socialmente, pues no hay órganos que le protejan, eso es educar. No, eso es maltratar.


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2 thoughts on “Pegar a un niño es educar…

  1. Me encanta. Como siempre. Qué mal cuerpo en el momento de leer que a quien pegaban era al abuelo… Eso me hace pensar que, aunque yo no pego a mis peques y me parece mal que cualquiera lo haga, es cierto que está socialmente aceptado y que yo misma lo tengo interiorizado. Nunca se me había ocurrido que no fuera al niño a quien estuvieran pegando! Así es que gracias por hacerme reflexionar. Un abrazo!

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    1. Gracias Bea! Creo que si, como sociedad tenemos interiorizado que pegar es “normal” aunque sepamos que está mal. Muestra de ello que seguimos relacionándonos con personas que pegan, cuando si pegaran a su pareja o a sus padres dejaríamos de hablarles… Creo que es un trabajo lento, pero que está en marcha, así que al menos eso es bueno! Un abrazo ❤

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