Hijo, te regalo mis miedos

El otro dia por la calle me dio por pensar porque los padres somos tan distintos entre nosotros, porque tomamos decisiones tan dispares, que nos lleva a ser como somos, y a querer lo que queremos. Me acordé de mi motivo para hacer Estivill a Marta, mi miedo a la oscuridad, a estar sola. Llegué a la conclusión de que muchas de las cosas que hacemos como padres responden a una necesidad nuestra y no de nuestros hijos. Y toma lógica cuando lo piensas, eso de quan importante es curar nuestras heridas antes de ser padres. O al menos tomar conciencia de ellas. Y entender que son nuestras, y no de nuestros hijos. Que nuestros miedos, manías y paranoias nacieron de algo que nos pasó a nosotros o peor aún, a nuestros padres, o a los padres de nuestros padres, y es al final una forma de control mas, una alas un poco mas cortadas… Venimos tan cargados de miedos que a veces nos asusta enfrentarnos a las cosas.

Nuestros propios miedos, si, esos que nacieron gang-776297_1280en nuestra realidad, esos que responden a algo que nos preocupa. Pero también esos que siempre han estado ahí, esperando acechar a la primera oportunidad. Y no son nuestros, no. No nos pertenecen. Pero quien los tuvo no supo que hacer con ellos, y los trasladó. Y creó una respuesta a ellos, especifica para sus hijos, sin pararse a pensar si sus hijos lo necesitaban o no. Y si recibes algo no pedido ni necesitado, cuando te lo dan, cuando te obligan a convivir con el, al final te lo haces propio. Y ese miedo que yo tenia, ese miedo a la oscuridad que era mio, que yo sentia, lo trasladé a Marta, y peor aún, luche yo contra el a través de ella.

Absorbimos las etiquetas, los miedos, las manías… Absorbimos el como nos ven para convertirlo en como nos vemos. Absorbimos escuchar al mundo creyendo que nos escuchamos a nosotros mismos. Absorbimos que no nos gusta que nos toquen, o hablar por telefono, o hablar con gente desconocida. Absorbimos que nos gustaba el futbol, o el basquet, que odiamos el mar, o que necesitamos rutinas. Absorbimos que dijeran que eramos vagos, inútiles, y que nunca haríamos nada de provecho. Absorbimos que llegaríamos lejos que seriamos importantes, como tal y cual, olvidando quien queríamos ser en realidad. Absorbimos ser egoístas, hacer daño al resto de personas, gritar y humillar. Absorbimos los miedos, y con ellos, la respuesta innata de otra persona a ese miedo. Absorbimos sus respuestas, dejamos de lado lo que somos para emular a quien creo ese miedo, quien lo trasladó, pues no hay respuesta natural a ese problema en nuestro interior.

Hacemos nuestras mil cosas de nuestra infancia, mil cosas malas que lo que hacen es llenar esa mochila que de por si ya pesa tanto… Tanto que a veces nos caemos, siendo niños incluso, podemos ser ya conscientes de su peso, ese que a veces no nos permite respirar y nos arrastra a la oscuridad.

Y que podemos hacer? Creo que en esto de la crianza siempre hay muchas mas preguntas que respuestas, muchas mas dudas que certezas. Solo se que mi madre es tímida, a mi siempre me han dicho que soy igual a ella, y soy tímida, y aunque me lo he trabajado mucho, aun hay situaciones a las que no me quiero enfrentar o en las que estoy claramente incomoda. Y mis hijos? Pues si, son tímidos. Mil vueltas le he dado a porque lo son, a si soy yo la responsable, si es algo malo, o normal, si son ellos o fui yo. Y al final no se la respuesta.

Los miedos siguen estando ahí, seguimos siendo sus esclavos, seguimos tomando decisiones dando vueltas alrededor del miedo, nunca cruzándolo. Y supongo que mientras ese miedo siga ahí, seguiremos viviendo mirándolo con recelo, y nuestros hijos seguirán mirándolo con recelo también. Así que supongo que lo único que podemos hacer, lo único que realmente tendrá efectividad, es trabajarnos nuestros miedos para que, un dia, nuestros hijos nos vean mirarlos de frente y sonreír. Y puedan absorber eso también, que los miramos de frente, sonreímos, y seguimos con nuestra vida. Y será entonces cuando ellos podrán quitar ese miedo de la lista, y seguir con su propio camino. Todos los miedos pueden trabajarse, de eso no me cabe duda, y es la única forma de conseguir quitarnos las esposas y no ponérselas a nuestros hijos. Una tarea colosal, si. No es fácil. Creemos que nuestros miedos son innatos, están ahí porque deben estar, porque somo así. Pero no es cierto. Supongo que ese es el primer cambio que debemos contemplar.

Como dijo Serrat en Esos locos bajitos…

Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada
y en cada canción.


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