“Te escucho…”

Me hubiera encantado que me dijeran esta frase hace años. Cuando me sentia tan sola y tan desdichada, tan perdida como madre… Que alguien se sentara frente a mi con la única intención de que dijera lo que necesitara decir. Y sienta tan bien… Que alguien, quien sea, te de ese espacio. Sin esperar sacar nada de ello, sin aprovechar el momento para desahogarse también. Simplemente escucharte. Ademas es tan poco habitual que lo hace mas precioso todavía. Seguro que recuerdas algún momento que otra persona te escucho así. Y posiblemente fue totalmente fortuito, tal vez de alguien de quien no te lo esperabas. Sin reservas, sin intereses ni aspiraciones. Solo te escuchó. Tal vez te sonreía, tal vez te tomó la mano o te puso su mano en tu hombro. Tal vez te dejaró llorar en silencio o te abrazó…

Y te sentiste tan bien, tan aceptada, tan valida, y reconfortada… Que recuerdas ese momento como un regalo, porque de hecho lo fue. Fue un regalo que no se paga con dinero, pero que nos carga las pilas, que nos llena y nos hace sentirnos infinitamente mejor. La mayoría de veces los problemas parecen menos grandes en cuanto los dices en voz alta.

Es posible también que hayáis querido acompañar a alguien de ese modo, y os hayáis dado cuenta de lo difícil que es! Escuchar es algo que no acostumbramos a hacer. Hablamos, aconsejamos, sermoneamos, interrumpimos. Y todo, la mayoría de las veces, sin darnos cuenta de que a la otra persona no le ayuda en nada.

Porque seamos claros, nadie quiere consejos no solicitados. Nadie. Ni yo, ni tu, ni nadie. Y si yo te digo que estoy preocupada porque no acepta las papillas y tu en ese mismo momento te lanzas a hablarme de las bondades del BLW (alimentción autoregulada) puede que yo no me sienta bien. Puede que no me sienta escuchada, ni valorada, puede que me sienta juzgada, puede que me sienta mas sola aún. Yo te agradecería que me dejaras desahogarme contarte mi problema, mis miedos, porque al final lo que tengo es miedo. Seguro que me siento mucho mejor después de contarte lo que me preocupa, y puede que entonces yo misma te pida consejo, “Y tu como lo hiciste?”. Mira que fácil y natural. Sin resultar forzado, simplemente la consecuencia natural.pretty-351884_1920.jpg

Es difícil. Yo, que es un tema que siempre me ha preocupado y al que presto atención, por desgracia aún a veces me escucho rebatiendo, compitiendo por quien tiene mas problemas. Una vez leí que una norma en la empatia es no decir frases del tipo “Pues yo…”. Porque esas frases, quitan el espacio inmediatamente al desahogo. Es como si compitiéramos por ver quien merece mas atención, por ver quien tiene el problema mas grande. Y solo es una muestra mas de lo mucho que necesitamos hablar. Hablar, hablar y hablar, que nos escuchen.

– Estoy muy cansada, esta noche Juan se ha despertado 10 veces, y me siento agotada en todos los sentidos.

– Pues Manolo hoy estaba resfriado y…

Fin. Así acaba un desahogo interrumpido. Sin darnos cuenta acabamos de quitar el espacio a otra persona. Y sin mala intención, lo se. Pero lo hacemos.

Si encima la otra persona es una mamá reciente, con su bomba hormonal, con su adaptación a la nueva vida… Pues pobre, que sola se sentirá si no dejamos que hable.

Así que simplemente, dejemos hablar. Escuchemos. Aprendamos a tener escucha activa (leelo, es importante!), a empatizar, a preguntar mas que a opinar. A estar cerca. A aceptar cualquier miedo, desahogo o dolor sin juzgarlo. Porque cuando alguien se abre, cuando en el momento justo alguien decide abrirse y somos nosotros los afortunados que tenemos el poder de aliviar ese pesar, y juzgamos, esa persona se cerrará. Con su dolor, o su miedo, o su preocupación. Y le costará aún mas abrirse la próxima vez, y tal vez además se culpará, y se castigará por no ser, por no saber, por no sentir…

Así que simplemente escucha. Escucha, escucha y escucha.

No hay regalo mas grande. No solo a madres, ni a padres, también a hijos, amigos… Todo el mundo tiene miedos, preocupaciones y problemas. Todo el mundo desea que le digan esa frase…

“Te escucho…”

No esperes a que te toque el turno de hablar, escucha de veras y serás diferente.

Charles Chaplin


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